Primeros pasos hacia una unión entre las benedictinas desde el concilio Vaticano II (1968 - 1988)

En el decreto del Concilio sobre la renovación de las Órdenes religiosas “Perfectae Caritatis“ §23 se recomiendan expresamente Conferencias y Consejos para Superiores mayores, ya que dan a las Comunidades pequeñas la posibilidad de salir del aislamiento y de compartir mutuamente el potencial disponible. Desde 1893, el Congreso de Abades desempeñaba esta función para todas las Comunidades Benedictinas masculinas. Ya desde 1965 se veía la necesidad de establecer algo parecido para las mujeres.

1968

El Sínodo de Abades Presidentes, bajo el Abad Primado Rembert Weakland, decidió que “el Abad Primado estableciese una Comisión para Monjas y Hermanas y que esta comisión fuese dividida en dos secciones, una para Monjas y otra para Hermanas, pero bajo una secretaría común. Además se determinó que estas dos entidades consejeras se formasen de hombres y mujeres a partes iguales. » (cf. Carta circular del Abad Primado a las Benedictinas el 28 de Octubre del 1968). En los años siguientes, estas dos Comisiones se encontraron varias veces, por separado, con el Abad Primado.

1972

En el Sínodo de Presidentes se decidió que la Comisión de las Monjas, así como algunas Superioras Generales de las Comunidades Benedictinas de Hermanas, fueran invitadas como observadoras al Congreso de Abades.

1980

La Confederación organizó un Simposio único con motivo del 1.500 aniversario del nacimiento de San Benito. 55 Abadesas y Prioras fueron invitadas como representantes de las Benedictinas. Fue la primera vez que Abadesas y Prioras benedictinas, Monjas y Hermanas de tradiciones y partes del mundo diferentes, se reunían, aunque siendo solamente huéspedes del Congreso de Abades.

1984

Los miembros de las dos Comisiones se encontraron por primera vez juntos y discutieron sobre las posibilidades de organizar una reunión de Monjas y Hermanas.

1987

Las Hermanas Benedictinas invitaron a 16 Monjas y 40 Hermanas a una reunión sobre el tema: "La importancia de la Regla de San Benito para la vida de las Benedictinas” en la Casa Santo Spirito en Roma, Casa General de las Benedictinas Misioneras de Tutzing. Este Primer Simposio, organizado por las Hermanas, fue un nuevo impulso hacia la cooperación entre Monjas y Hermanas. 1988 Las dos Comisiones se unieron bajo el Abad Primado Viktor Dammerz. Desde ese momento, los miembros se componen de las Delegadas de 18 (más tarde 19) regiones diferentes del mundo, además de la Priora General de una gran Congregación internacional con sede en Roma y una representante de la AIM. La junta directiva debía organizar en breve un Simposio común. Con la ayuda del Abad Primado, Viktor Dammertz, la junta directiva redactó los primeros Estatutos de la Comisión.

El primer Simposio internacional de Benedictinas, con 40 representantes de Monjas y Hermanas Benedictinas, tuvo lugar en octubre en la Casa General de las Benedictinas Misioneras de Tutzing en Roma. La variedad de las Comunidades Benedictinas femeninas es grande, y no solamente a nivel cultural. Según las circunstancias históricas y canónicas, las Comunidades de Monjas o Hermanas desarrollaron formas de vida muy diferentes. Entre ellas son muy independientes y variadas, sin tener ninguna institución que las represente a todas juntas. Sin embargo, mientras se iba uniendo el mundo, también las Benedictinas percibieron la necesidad de buscar nuevas formas de intercambio y cooperación. Este proceso fue posible gracias al coraje y a la confianza de muchas de ellas así como al apoyo de los respectivos Abades Primados de la Orden Benedictina en Roma. Sabían que si nos atrevemos a aceptar con delicadeza tanto el desafío como el enriquecimiento de los encuentros, crece el Reino de Dios entre nosotros y también en nuestro mundo. En el 1987, las Benedictinas emprendieron juntas este camino hacia una mayor comunión.